Creo que no hay lugar más depravado, libertino y corrupto que en toda la República Mexicana que Quintana Roo.

La historia es estelar, casi inhabitado durante toda la historia colonial excepto por unas pequeñas poblaciones mayas y unas coloniales aún más patéticas y pequeñas, el territorio que ahora es estado fue lugar de escondite y de pillaje para las operaciones de piratería en el caribe. Durante mucho tiempo hogar de mayas rebeldes la independencia indígena del lugar se vino abajo con la horrenda guerra de castas, nacida de Chan Santa Cruz, ahora Felipe Carrillo Puerto, el pueblo con la mejor Cochinita del país y los salbutes de gasolinera más suculentos del mundo. Con Porfirio Díaz se tomó Chan Santa Cruz y los mayas en rebeldía finalmente fueron sometidos, vino entonces una ola de migraciones de gente venida del norte del país al entonces territorio. Chetumal nació como un puesto militar y su existencia es básicamente lo que nos llevó a no perder esa parte de la península a Inglaterra, desafortunadamente, sí perdimos Belize.  Con la modernidad de los años 70 vino el estatus de Estado al territorio, los turistas, la droga y la libertad económica. Cancún se empezó a construir como un destino turístico internacional y el territorio entero era una zona libre de impuestos. La época dorada, en todo el sureste mexicano había tiendas llamadas “Chetumalito” vendiendo baratijas, fayuca y demás cosas, Cancún tomaba ya fama por el mundo y el narcotráfico no paraba. Con gobernadores encarcelados por eso mismo, creo que no es desquiciado decir que el lugar tiene vocación para la degeneración.

Hasta hoy en día esa vocación sigue sin esfumarse. El Estado entero sigue teniendo este aire de pueblo fronterizo en el que la gente va a buscar fortuna, drogarse y entrar en decadencia. El Estado es el primero en suicidios, recientemente, ha habido un recrudecimiento de la violencia del narcotráfico y es el lugar natal de la garnacha más libertina del mundo entero . Todo esto en un calor insoportable y plagas de insectos que no dejan de succionar la sangre hirviendo de la quemada piel de un turista europeo, con una cruda tratada con la mejor droga que el estado tiene que ofrecer. Chetumal es seguramente el infierno en la tierra, un paseo por la ciudad muestra estructuras abandonadas, carcomidas por el sol y el aire de mar, la bahía, cuentan, alguna vez habitada por manatíes es ahora un lugar de peste y peligro sanitario. El bulevar, alguna vez, en los años de zona libre, el lugar de fiesta y de moda para todo el sureste mexicano, ahora está coronado por una escultura de hierro sin terminar, oxidándose y corroyéndose como los sueños y esperanzas de él que se atreva a pisar la segunda capital menos poblada del país. De noche, sólo falta tomar un paseo para ver hordas de prostitución de todos géneros y gustos a la espera de clientela junto a las puertas de viejas casas pintadas con manchas de humedad. Para un dosis más de depresión hay que ir unos diez kilómetros al sur de la ciudad para ver la zona libre de Belize. Pasearse en el lugar más cosmopolita del sureste para admirar dueños chinos, koreanos, hindus, belizeños de tiendas de ropa pirata (para hacerle honor a la historia, seguramente) perder el poco dinero, que ganaron vendiendo contenedores marinos varados y perdidos del comercio internacional venidos de Panamá, en maquinas traga monedas en los varios casinos de Corozal. Ver un juego de Bingo entre mexicanos aburridos con la vida,  las descendientes de esclavos traídos por los ingleses paseándose en minifaldas, y demás etnicidades del tercer mundo en una espiral de pelotitas con números, cerveza de dudosa procedencia (pero con etiquetas convincentes) y un olor a cigarro es una experiencia que le abre el hambre a cualquiera.

Porque todo esto es un preámbulo a la verdadera perla del Sureste. Cuento todo esto, porque le quiero dar contexto a lo que nos ha regalado Chetumal. Porque el milagro que sucede todas las noches en el Parque del Queso sólo es explicable después de entender el contexto libertino del Estado y de su Capital. Se dice que la comida es la expresión del lugar donde se hace, que la comida local es el mejor medio para comprender a su gente. Y esto sobre lo que estoy escribiendo, efectivamente, es la máxima expresión de Quintana Roo. No hay persona en el mundo que pudo haber pensado en el exceso en el que el Chetumaleño lo ha hecho.  Una mordida, de este regalo de la degeneración, es una mirada a las vidas de la gente que vive un día a día tan alejada de los grandes complejos turísticos, con su exceso a la americana, pero, tan cerca de la corrupción del estado mexicano. Qué es? Qué platillo tan intrigante es este? Los Perros Empanizados.

Como los colores de la bandera tienen un significado, el perro empanizado seguramente tiene alguna significación escondida en sus ingredientes:Una salchicha tan común y honrada como la gente que habita el lugar; cubierta con un tocino a medio freír como la tierra a medio habitar del estado; queso americano con el peculiar sabor a grasa vegetal como los gordos turistas americanos que pueblan las costas;  hechos taco con una tortilla de harina para simbolizar los colonos del norte de país; y cual un águila devorando una serpiente sobre un nopal, el empanizado le da toda una armonía a esto. Todo esto, para no olvidar las raíces yucatecas, en una media noche hecha a la yucateca, adornada con cebolla frita y queso de bola (opcional), sazonada con Katsup y Mayonesa diluida como las esperanzas de los suicidas del Estado.

Y fuera de toda hipérbole y patriótico sentimiento, estos son los mejores perros calientes que jamás haya probado en mi vida. Habiendo vivido algunos veranos de mi pequeña infancia en Chetumal, recuerdo una ciudad bella, llena de actividad y de felicidad mejor expresada con los ya exportados Machacados en el bulevar (Hielo, triturado a mano con la fruta de elección cubierta con leche condensada, canela y azúcar). Me duele y me revuelve la panza descubrir a Quintana Roo y Chetumal como un hoyo de decadencia; ver a Tulum, un lugar que en mis recuerdos no era más que unas chozas con unas ruinas mayas y una playa bonita, convertido en una enorme sucursal de la hipócrita cultura “vegana, sustentable y totalmente ecológica”, claro infestada de Oxxos y pobreza; ver el centro de Cancún abandonado por los turistas guarecidos en sus hoteles todo incluido, con su cine abandonado, el mismo cine en el que vi Jurasic Park 2 en mi infancia; ver las playas y maravillas naturales que disfruté y me asombraron de niño encerradas detrás de un boleto tan caro que el grueso de los que te acompañan a ver los pocos corales y pescados que sobrevivieron a la espesa agua saturada de insecticida y bloqueador de sol, son extranjeros.

Estos Perros Empanizados son, junto a la todavía excelente cochinita, lechón, demás garnachas, un excelente pastel de tres leches (el único que puedo comer con gusto), machacados y la mejor nieve de Coco del planeta, lo que redime al Estado entero de su feo estado. Los chetumaleños parecen estar de acuerdo con lo legendario del sabor, todas la noches una fila en la que hay que esperar por lo menos media hora se va agrandado junto a los apetitos. En Cancún, en Playa del Carmen la diaspora Chetumaleña ha tratado de infructuosamente replicar el bello sabor de los perros, tanto se extraña.

Qué le ha dado la historia entera del estado de Quintana Roo, al mundo? El absolutamente mejor perro caliente que esta edad ha visto. Las generaciones futuras seguramente van a poner una placa y una replica del carrito junto a estatuas de los bravos hombres y mujeres que lo atienden, su nombre y su invención inmortalizados.

Y no digo esto en alguna hipérbole irónica que trata de pasar por comedia. En toda honestidad: estos perros empanizados son un milagro, uno que tiene que ser compartido y apreciado por todos los hombres como la buena noticia del hijo de dios en tierra.

 

1 Comments

Leave a comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *